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Encuentra en este libro TODOS los consejos útiles para comenzar o hacer crecer tu podcast. 

Un libro para entender el pódcast y tener éxito con él.  Explica cómo preparar la producción, cómo grabar un pódcast, con qué equipos y herramientas grabar, dónde publicarlo y cómo promocionarlo para que sea exitoso y puedas incluso ganar dinero monetizándolo. 






El libro Todo Sobre Pódcast

El libro está disponible en edición de papel y en edición electrónica.
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El libro está dividido en 5 partes:

1- Entender el podcast 
2- Antes de grabar 
3- Con qué grabar 
4- Dónde publicarlo 
5- Después de publicarlo



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– Puedes dejar aquí un comentario con sugerencias del tema que desees que no falte en las próximas actualizaciones del libro –






Veamos con un poco más de detalle las 5 partes del libro:


1- Entender el podcast

Definición, usos e innovación.
Comprendemos sus diferencias con la radio, su público, sus canales de distribución y todas sus características.

2- Antes de grabar

Elementos sonoros, libreto, temáticas e historias, duración y frecuencia.


3- Con qué grabar

Micrófonos, auriculares, monitores, interfaces y mesas de mezcla


4- Donde publicarlo

Alojamiento y distribución. ¿iVoox, Spreaker o Anchor? Hay muchísimas otras opciones, entre ellas puede estar la mejor para ti.

5- Después de publicarlo

Cómo medir si lo estás haciendo bien o aún puedes mejorar. Cómo monetizar y ganar dinero con tu pódcast.



Spotify promete dinero para pódcast en Hispanoamérica: ¿cuánto se puede ganar realmente?

Spotify dice que algunos creadores ya ganan más de 10.000 dólares al mes con su Partner Program. Incluso muestra casos de seis cifras. Ahora la monetización llega a Hispanoamérica.

Pero falta una pregunta: ¿cuánto de ese dinero es realmente alcanzable para un pódcast en español?

Comparamos lo que Spotify promete con lo que pagan Spreaker, YouTube, Acast, iVoox, Podimo y otras opciones. Porque ofrecer monetización es fácil. Conseguir anunciantes que efectivamente paguen es otra historia.



Spotify Partner Program llegará a numerosos países de Hispanoamérica el 20 de octubre de 2026 y permitirá que podcasts elegibles reciban dinero por publicidad y por el consumo de video de usuarios Premium. 

Spotify tiene casos reales de creadores que ya reciben más de 10.000 dólares mensuales e incluso ingresos de seis cifras. El problema aparece cuando intentamos averiguar cuántos creadores llegan hasta allá. Spotify no publica ese porcentaje.

Tampoco dice cuánto puede esperar un programa con 10.000, 50.000 o 100.000 reproducciones mensuales en España, Colombia, México, Chile o Perú. Ni siquiera existe una tarifa pública que permita calcular cuánto paga Spotify por mil visualizaciones de video Premium.

Así que hicimos las cuentas de otra manera.

Revisamos las condiciones de Spotify y las comparamos con YouTube, Spreaker, Acast, Libsyn, iVoox, Podimo, Apple Podcasts y Patreon. También buscamos qué sabemos realmente sobre el tamaño de los podcasts que Spotify presenta como casos exitosos y cuántos podcasts consiguen convertir su producción en un negocio sostenible.

La respuesta resulta bastante menos espectacular que la publicidad de las plataformas, pero es mucho más útil para quien está pensando en vivir de un pódcast.


Spotify sí está pagando

Comencemos por lo comprobable.

Spotify lanzó su Partner Program en enero de 2025 inicialmente en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia. Según datos publicados por la propia Spotify un mes después, cientos de creadores habían superado los 10.000 dólares mensuales y quienes más ganaban habían pasado de seis cifras mensuales.

Spotify también dio nombres.

Informó que We’re All Insane había generado más de 17.000 dólares y que Kinda Funny Gamecast había alcanzado 10.000 dólares.

Un año después, Spotify presentó un caso todavía mayor. Chris Williamson, responsable de Modern Wisdom, dijo que el Partner Program le estaba proporcionando un promedio mensual de seis cifras.

En términos estrictos, eso significa por lo menos 100.000 dólares mensuales. Entonces sí: el dinero existe. Lo que Spotify no nos permite saber es qué tan excepcional es conseguirlo.



La palabra que falta es “cuántos”

Spotify dice que “cientos” de creadores superaron 10.000 dólares mensuales. Pero para interpretar ese número necesitamos otro: ¿cientos entre cuántos?

No publican cuántos programas inscritos forman el universo sobre el que se presumen esos resultados.

Por eso no es posible calcular la probabilidad de que un creador que ingresa al programa llegue a los 10.000 dólares mensuales.

También falta otra cifra necesaria: cuántas reproducciones producen esos ingresos.



El caso de 100.000 dólares mensuales no es el de un pódcast normal

Modern Wisdom merece atención porque Spotify lo utiliza como demostración de lo que puede conseguir su sistema. Pero también necesitamos saber qué clase de programa estamos mirando.

Chris Williamson publica varios episodios por semana y ha entrevistado a figuras internacionales como Matthew McConaughey, Tony Robbins, Jordan Peterson, Andrew Huberman, Sam Harris, Mark Manson y Steven Bartlett.

Spotify informó que su audiencia dentro de la plataforma aumentó 36% durante el primer mes después de incorporar video y entrar al Partner Program. En enero de 2026, Williamson declaró a la propia Spotify que el programa le estaba produciendo un promedio mensual de seis cifras.

Spotify no acompañó esa cifra con el número de streams monetizados, horas Premium, impresiones publicitarias, CPM efectivo ni RPM del programa.

Eso impide hacer la división que realmente necesitamos.

No podemos decir: “si consigues X reproducciones, Spotify te pagará 100.000 dólares”.

Una estimación externa de Podscan sitúa actualmente a Modern Wisdom en decenas de millones de oyentes mensuales estimados. Esa cifra no procede de Spotify y no debe confundirse con una medición oficial, pero sí sirve para advertir que estamos comparando un programa de enorme escala internacional con el pódcast independiente promedio.

Por tanto, el caso demuestra que el Partner Program puede pagar cantidades grandes. No demuestra que esas cantidades sean normales.



¿Qué tamaño tiene un pódcast normal?

Aquí la perspectiva cambia radicalmente.

Un informe de Seriously Science que recopila datos de Buzzsprout indica que, entre 116.004 podcasts activos medidos en marzo de 2026, la mediana fue de apenas 28 descargas por episodio durante sus primeros siete días.

Con 103 descargas se entraba aproximadamente en el 25% superior. Con 423, en el 10% superior. Con 1.039, en el 5%. Y superar 4.802 descargas durante los primeros siete días colocaba al programa alrededor del 1% superior.

Las métricas no son equivalentes a las de Spotify y no deben compararse directamente con sus streams. Sirven para dimensionar algo distinto: la mayoría de los podcasts es muchísimo más pequeña que los programas que aparecen en las historias de éxito de las plataformas.



¿Cuántos podcasts realmente ganan dinero?

Tenemos una referencia interesante, aunque no representa a todos los podcasts del mundo.

El Independent Podcaster Report 2025 encuestó a 558 creadores independientes. Si llevamos todos sus resultados a una misma base, el panorama resulta mucho más fácil de entender.

De cada 100 personas encuestadas, aproximadamente 85 no ganaban dinero con su pódcast.

De las 15 restantes, unas 5 recibían algún ingreso, pero todavía gastaban más en producir el programa de lo que recuperaban. Alrededor de 7 conseguían cubrir sus costos o dejar una pequeña ganancia. Unas 2 obtenían ingresos importantes, aunque todavía necesitaban otras fuentes de sustento.

Y apenas 1 de cada 100 había conseguido que el pódcast fuera su principal fuente de ingresos.

Son resultados de una encuesta a 558 creadores independientes, no un censo mundial del podcasting. Pero sirven para poner en perspectiva los casos de éxito que promocionan las plataformas: activar la monetización, recuperar los costos de producción y vivir de un pódcast son tres niveles económicos muy diferentes.



Y el mercado estadounidense juega con otra cantidad de dinero

También debemos tener cuidado al importar historias de éxito estadounidenses a Hispanoamérica.

El Interactive Advertising Bureau, IAB, y PwC calcularon que la publicidad de podcasts en Estados Unidos generó 2.862 millones de dólares durante 2025, un crecimiento de 17,6% frente al año anterior.

El mercado estadounidense de publicidad digital completo alcanzó 294.600 millones de dólares ese mismo año.

Eso importa porque una plataforma no fabrica el dinero que reparte entre creadores. Primero necesita cobrarlo a anunciantes, salvo cuando la remuneración procede de suscripciones.

Los CPM, la demanda publicitaria y el porcentaje de inventario vendido cambian según el mercado, el idioma, el perfil de la audiencia y el tipo de contenido.

Por eso no es prudente tomar un caso de éxito de un pódcast en inglés con una audiencia importante en Estados Unidos y utilizarlo como pronóstico para un programa en español cuya audiencia se concentra en América Latina.

La pregunta no es si Spotify tiene dinero para pagar. Evidentemente lo tiene.

La pregunta es cuánto dinero publicitario consigue vender alrededor de una audiencia determinada.



El porcentaje de reparto puede engañarnos

Spotify entrega al creador 50% de los ingresos reconocidos por los anuncios monetizados mediante su Partner Program.

Spreaker ofrece 60% de los ingresos publicitarios de su Ad Exchange.

YouTube entrega 55% de los ingresos netos correspondientes a anuncios de las páginas de visualización.

Acast establece en sus condiciones estándar un reparto de 50% para determinados anuncios y su documentación corporativa ha descrito repartos mayores para patrocinios vendidos por su equipo.

RedCircle ofrece 50% para publicidad programática y 70% para determinadas campañas host-read.

Libsyn también maneja modelos que pueden entregar 50%, 60% o 70%, dependiendo del producto publicitario y de la escala del programa.

¿Entonces Spreaker es automáticamente mejor que Spotify porque 60 es mayor que 50?

No.



El 50% de cero sigue siendo cero

Este es probablemente el concepto más importante de todo lo que tenemos para contarte.

Un espacio publicitario disponible no es un anuncio vendido. Supongamos que un pódcast genera 100.000 oportunidades de insertar publicidad.

Una plataforma ofrece al creador 60% del ingreso, pero encuentra compradores para 20.000 impresiones. Otra entrega 50%, pero consigue vender 80.000.

Con un CPM hipotético de 15 dólares, la primera generaría 300 dólares brutos y entregaría 180 al creador.

La segunda facturaría 1.200 dólares y entregaría 600.

La plataforma que aparentemente pagaba menos terminó pagando más de tres veces porque consiguió vender más inventario.

Eso se llama fill rate: el porcentaje de oportunidades publicitarias que realmente consiguen un anuncio.

Spotify reconoce en su documentación que las impresiones publicitarias no están garantizadas y que dependen de factores como la disponibilidad de anunciantes y las audiencias que estos buscan. Spreaker hace una advertencia equivalente sobre su Ad Exchange. Acast también explica que los ingresos dependen de las campañas disponibles y del CPM obtenido.

Por eso comparar únicamente el porcentaje que entrega cada plataforma puede conducir a decisiones equivocadas.



La cuenta que deberíamos hacer

Para publicidad, una aproximación mucho más útil sería:

ingreso del creador = impresiones disponibles × porcentaje realmente vendido × CPM × porcentaje que recibe el creador.

Y aun esa fórmula simplifica la realidad. Un anunciante puede pagar más por determinada ubicación geográfica (país o ciudad), edad, temática o formato.

Acast sitúa como referencia para 2026 los anuncios pregrabados aproximadamente entre 15 y 30 dólares CPM y los patrocinios leídos por quien presenta el programa entre 25 y 40 dólares. Los programas de negocios y finanzas pueden superar esas cantidades.

Libsyn publica como referencia aproximadamente 24 a 26 dólares CPM para anuncios host-read de 60 segundos.

Esas cifras describen principalmente mercados publicitarios desarrollados y no constituyen una tarifa garantizada para un creador español o latinoamericano.



¿Qué ofrece cada alternativa?

Spotify Partner Program: 50% del ingreso reconocido por los anuncios monetizados por Spotify. Para video visto por usuarios Premium existe una segunda remuneración, pero Spotify no publica un CPM o RPM fijo que permita calcular anticipadamente cuánto recibirá el creador.

Spreaker: 60% del ingreso generado mediante su Ad Exchange. La cantidad final depende del CPM y del inventario que consiga monetizar.

YouTube: 55% de los ingresos netos de los anuncios mostrados en las páginas de visualización. En membresías, Super Chat, Super Stickers y Super Thanks, YouTube entrega 70% de los ingresos netos correspondientes.

Acast: sus condiciones estándar contemplan un reparto 50/50 para publicidad. La compañía maneja otros acuerdos para patrocinios y representación comercial. Acast estima para 2026 CPM de 15 a 30 dólares para anuncios pregrabados y de 25 a 40 para host-read, pero esas son referencias del precio publicitario, no una promesa de ingresos para cada pódcast.

Apple Podcasts Subscriptions: Apple entrega 70% del precio de una suscripción, descontados los impuestos correspondientes. Después de que una misma persona complete un año como suscriptora, la participación aumenta a 85%. Los demás ingresos del pódcast, incluida su publicidad, permanecen en manos del creador.

Patreon: para nuevas páginas, Patreon cobra actualmente 10% como tarifa de plataforma, además del procesamiento de pagos y otros cargos que puedan corresponder. En este modelo no necesitas esperar a que aparezca un anunciante: necesitas personas dispuestas a pagar.

Podimo: remunera determinadas reproducciones Premium mediante un CPM que depende del mercado. Su propia documentación utiliza como ejemplo un CPM de 35 euros, aunque aclara que es un ejemplo y que existe un límite relacionado con el valor de la suscripción y el tiempo que cada persona dedica al programa.

iVoox: ofrece diferentes mecanismos, entre ellos publicidad y suscripciones para fans. En estas últimas, su documentación indica que el creador recibe 95% de los ingresos netos después de determinados costos de procesamiento. iVoox Plus utiliza otro modelo de reparto.



La diferencia entre publicidad y membresía es enorme

Cuando dependemos de publicidad necesitamos tres cosas al mismo tiempo: audiencia, anunciantes y una plataforma capaz de conectarlos.

En una membresía desaparece una de esas variables. Si 100 personas pagan 5 dólares mensuales, tenemos 500 dólares brutos antes de comisiones. Para obtener esos mismos 500 dólares mediante publicidad con un CPM neto para el creador de 10 dólares necesitaríamos 50.000 impresiones publicitarias efectivamente monetizadas.

Por eso un pódcast pequeño con una comunidad muy comprometida puede obtener mejores resultados mediante membresías que intentando competir por publicidad programática.

También ocurre lo contrario. Un programa con cientos de miles de reproducciones y poca disposición a pagar puede funcionar mejor con publicidad.



Spotify tiene una ventaja que no debemos ignorar

La crítica tampoco debe hacernos perder de vista lo que Spotify sí tiene.

Tiene audiencia, infraestructura publicitaria, relaciones comerciales internacionales y un negocio de suscripciones que puede financiar el consumo de video Premium sin depender exclusivamente de insertar anuncios.

Spotify informó que durante el primer trimestre de 2025 pagó más de 100 millones de dólares a publishers y podcasters globalmente. También ha mostrado creadores que reciben decenas de miles de dólares mediante su nuevo programa.

Eso distingue una plataforma con un mercado publicitario funcionando de una empresa que simplemente instala un botón de “monetización” y espera que algún día aparezcan anunciantes.

Pero sigue faltando la prueba que más interesa a Hispanoamérica.

Necesitamos ver qué ocurre cuando entren miles de programas latinoamericanos y el sistema tenga que encontrar publicidad para audiencias españolas, argentinas, colombianas, mexicanas, peruanas, chilenas y centroamericanas.



Hay países donde esa duda es todavía mayor

Spotify incluye varios mercados latinoamericanos en la expansión del Partner Program del 20 de octubre de 2026.

Pero su documentación advierte que actualmente Spotify for Creators no sirve anuncios a oyentes locales en algunos de los nuevos mercados, entre ellos Bolivia, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Uruguay.

Eso significa que vivir en un país admitido en el programa y poder activar monetización no equivale necesariamente a disponer de un mercado local lleno de anunciantes.

También explica por qué debemos observar la procedencia de la audiencia y no solamente la nacionalidad de quien produce el programa.



Un pódcast mexicano con audiencia estadounidense puede valer más para la publicidad que otro pódcast mexicano

La geografía de quien crea el contenido y la geografía de quien lo consume son cosas diferentes.

Un programa producido en CDMX puede tener 40% de sus escuchas en Estados Unidos. Otro producido en la misma ciudad puede concentrarlas en México y Colombia. Aunque ambos tengan exactamente 100.000 reproducciones, su inventario publicitario puede generar cantidades diferentes.

Lo mismo ocurre dentro de un país. Una audiencia especializada en tecnología empresarial, finanzas o determinadas profesiones puede atraer campañas con CPM mayores que una audiencia generalista.

Por eso “¿cuánto paga Spotify por mil escuchas?” probablemente sea la pregunta equivocada porque no existe una respuesta universal.



Entonces, ¿qué necesita un pódcast para ser sostenible?

Primero debemos separar tres cosas que suelen mezclarse.

- Monetizar significa recibir algún dinero.

- Ser sostenible significa que ese dinero cubre los costos necesarios para continuar produciendo.

- Ser rentable significa que queda una ganancia después de pagar esos costos, incluido el trabajo de quienes producen el programa.

Un pódcast que recibe 200 dólares mensuales está monetizado. Si cuesta 600 producirlo, sigue perdiendo 400.

Esta distinción explica por qué anunciar que miles de creadores “monetizan” dice mucho menos de lo que parece.



¿Y qué sabemos de los podcasts en español?

Aquí tenemos menos datos, pero no partimos completamente de cero.

Spotify ya vendía publicidad para podcasts en México antes de la llegada del Partner Program. La propia compañía publicó como caso de estudio a Creativo, el pódcast del mexicano Roberto Martínez.

Martínez contó a Spotify que el programa de Ads había ayudado a la sostenibilidad económica de Creativo y destacó la ventaja de dejar que Spotify se encargara de conseguir e insertar automáticamente la publicidad.

Eso demuestra algo importante para nuestra pregunta: Spotify sí ha conseguido vender publicidad alrededor de un pódcast en español y en un mercado latinoamericano.

Pero el caso deja sin responder casi todas las preguntas económicas. Spotify no publicó cuánto dinero recibió Creativo, cuántas impresiones consiguió vender, qué porcentaje del inventario quedó sin publicidad, cuál fue el CPM promedio ni cuánto produjo cada mil reproducciones del programa.

Tampoco conocemos una muestra suficientemente amplia de podcasts latinoamericanos que permita saber qué porcentaje recupera sus costos, cuál obtiene ganancias y cuál consigue convertir el pódcast en su principal fuente de ingresos.

Por eso los resultados estadounidenses del Spotify Partner Program y el caso mexicano de Creativo nos permiten afirmar dos cosas diferentes. Estados Unidos demuestra que Spotify puede pagar cantidades muy grandes cuando tiene audiencia y un mercado publicitario capaz de comprársela. México demuestra que Spotify ya ha conseguido comercializar publicidad para contenido en español en América Latina.

Lo que todavía falta conocer es la escala: cuánto puede vender Spotify para cientos o miles de podcasts en español cuando el Partner Program se abra en la región y cuánto dinero terminará llegando realmente a cada creador.



Eso tampoco significa que empezar un pódcast para ganar dinero sea absurdo

Significa que el modelo económico debe diseñarse igual que el contenido. La publicidad programática puede ser una fuente. El video en Spotify puede ser otra. YouTube puede producir publicidad y dinero de Premium. Una comunidad pequeña puede pagar una membresía. Un anunciante puede contratar directamente un patrocinio. Un enlace de afiliado puede generar comisiones cuando una recomendación termina en una compra.

Un pódcast profesional también puede producir indirectamente conferencias, consultorías, cursos, libros, servicios o clientes.

En ese escenario, ninguna plataforma tiene que cargar por sí sola con todo el negocio.



La publicidad directa sigue teniendo una ventaja

Libsyn publica como referencia aproximadamente 24 a 26 dólares CPM para un host-read de 60 segundos. Acast sitúa este tipo de patrocinio generalmente entre 25 y 40 dólares y señala que determinados nichos pueden superar ese nivel.

Cuando el creador consigue directamente al anunciante, además, no necesita entregar necesariamente 40%, 50% o 30% a un marketplace por haber realizado la venta.

El problema es que ahora el creador también tiene que convertirse en departamento comercial.

Debe encontrar empresas, presentar su audiencia, negociar, producir la campaña, facturar y demostrar resultados.

La comisión de una plataforma paga precisamente por resolver una parte de ese trabajo.



Una recomendación antes de comprar cámaras y luces

Spotify está empujando con fuerza el videopódcast y su sistema Premium recompensa específicamente el consumo de video. Eso puede llevar a alguien a pensar que necesita convertir inmediatamente su producción de audio en un estudio multicámara.

Las cifras no justifican tomar esa decisión únicamente por la promesa de monetización.

Spotify exige actualmente apenas 1.000 miembros de audiencia, 2.000 horas consumidas durante los últimos 30 días y tres episodios publicados para solicitar entrada al Partner Program en los mercados habilitados.

Cumplir esos mínimos significa que puedes solicitar monetización. No significa que los ingresos pagarán cámaras, luces, edición, personal o estudio.

Primero conviene probar.



¿Spotify Partner Program vale la pena?

Para un programa que ya produce video, la barrera adicional puede ser pequeña. Publicar también ese archivo en Spotify y activar una fuente adicional de ingresos tiene una lógica bastante sencilla.

Para un programa exclusivamente de audio, gastar más dinero para producir video esperando recuperar inmediatamente la inversión resulta mucho más difícil de justificar sin conocer todavía el RPM real de su audiencia.

Y para quien ya monetiza mediante Spreaker, Acast, Libsyn u otra red publicitaria, conviene revisar qué ocurrirá con su sistema actual antes de mover el RSS o cambiar de proveedor únicamente para entrar al Spotify Partner Program.

La llegada de Spotify tampoco obliga a escoger una sola plataforma. Un mismo pódcast puede distribuir su audio mediante RSS, mantener publicidad dinámica con su proveedor habitual, publicar video en YouTube y aprovechar las opciones de Spotify que sean compatibles con esa configuración.

La pregunta útil, entonces, no es “¿cuál plataforma paga más?”, sino “¿cuánto dinero termina recibiendo mi pódcast con la audiencia que realmente tengo?”. Para responderla hay que mirar el CPM, el porcentaje de inventario que consigue vender cada plataforma, su comisión y, especialmente, los países desde donde escucha la audiencia.



No busques una plataforma ganadora

Spotify ofrece 50% de determinados ingresos publicitarios. Spreaker ofrece 60%. YouTube entrega 55% de determinados ingresos publicitarios. Apple puede entregar 70% y después 85% de una suscripción. Patreon cobra 10% de plataforma a las nuevas páginas.

Esos porcentajes parecen fáciles de comparar hasta que recordamos que describen negocios diferentes.

El mejor porcentaje publicitario no sirve si nadie compra el anuncio. Una membresía con una comisión pequeña tampoco sirve si nadie quiere suscribirse. Un CPM alto sirve de poco si casi ninguna impresión encuentra anunciante. Y una audiencia grande puede generar cantidades muy diferentes según dónde esté y cuánto estén dispuestas a pagar las marcas para alcanzarla.



Lo que esto significa

Spotify Partner Program merece atención porque agrega una fuente real de monetización a una plataforma donde ya existe una audiencia considerable de podcasts. Los pagos que Spotify muestra son reales: existen programas que reciben decenas de miles de dólares y algunos han reportado ingresos mensuales de seis cifras.

Pero los casos promocionados por Spotify no representan necesariamente lo que puede esperar un pódcast en español dirigido principalmente a Hispanoamérica. Proceden sobre todo de programas grandes y de mercados publicitarios desarrollados. Spotify tampoco publica suficientes datos para saber qué porcentaje de los programas participantes alcanza esos ingresos, cuál es el ingreso mediano o cuántas reproducciones hacen falta para llegar a las cifras de sus casos de éxito.

El antecedente mexicano de Creativo, de Roberto Martínez, demuestra que Spotify ya ha conseguido comercializar publicidad alrededor de un pódcast latinoamericano en español. Lo que Spotify no publicó fue cuánto dinero produjo, qué CPM consiguió, cuánto inventario vendió ni qué porcentaje de las reproducciones terminó monetizado.

La expansión del Partner Program a Hispanoamérica permitirá empezar a responder esas preguntas con datos de nuestra región.

Hasta entonces, parece más razonable pensar en Spotify como una fuente adicional de ingresos que como el reemplazo automático de todo lo demás. Un pódcast puede combinar publicidad programática, patrocinios directos, YouTube, video en Spotify, membresías, afiliados y productos propios. Cada fuente reduce la dependencia de las demás.

Porque activar un botón que dice “monetizar” no garantiza que aparezca dinero. Primero tiene que existir alguien dispuesto a pagar: un anunciante que quiera comprar esa audiencia, una persona que quiera suscribirse o una plataforma que realmente tenga ingresos para repartir.



Para quienes quieren convertir un pódcast en un proyecto sostenible

La monetización es apenas una parte del trabajo. Elegir el formato, definir para quién hacemos el programa, producirlo, distribuirlo, conseguir audiencia, medir qué funciona y construir diferentes fuentes de ingresos forman parte del mismo proyecto.

Ese proceso está desarrollado paso a paso en Todo Sobre Pódcast, el libro de Félix Riaño, pensado para quienes quieren crear, producir, publicar, distribuir y hacer crecer un pódcast entendiendo también su parte comercial.

Y esta discusión sobre Spotify sirve para recordar algo que conviene tener presente desde el comienzo: antes de preguntarnos cuánto paga una plataforma por mil reproducciones, necesitamos construir un programa capaz de conseguir esas mil reproducciones de manera sostenida.

¿El fin de la palabra “pódcast”?

¿Se va a acabar la palabra “pódcast”? 



Por qué el audio manda cuando estás haciendo otra cosa

Por: Félix Riaño
Autor del libro “Todo sobre pódcast”

Mientras el video pelea por atención, el pódcast gana cuando tus ojos están ocupados.
La palabra puede cambiar, pero el hábito de escuchar sigue siendo uno de los más poderosos del ecosistema digital.

Vas en el bus, estás lavando platos, sales a caminar, haces mercado. Tus ojos están ocupados, pero tu cabeza va pidiendo historia, conversación, compañía. Ahí el pódcast tiene su terreno favorito: el "segundo plano" de tus actividades diarias.

En estos días volvió una idea que aparece cada cierto tiempo en la industria: que la palabra “pódcast” se va a quedar vieja, o que va a desaparecer, reemplazada por nombres más amplios como “show”, “programa” o “serie”. La chispa reciente fue un artículo de Infobae que plantea que el empuje del video y la pelea por presupuestos publicitarios está desdibujando lo que antes llamábamos pódcast.

Mi lectura es esta: el nombre se está estirando, sí. Pero la necesidad que hizo nacer el pódcast sigue intacta.

Video por todas partes… pero el “modo pódcast” sigue siendo audio

Es verdad que hoy mucha gente “consume pódcast” en plataformas de video. A veces lo que ven es una entrevista grabada en estudio; otras veces son clips cortos tomados como fragmentos de un episodio completo; otras veces es ya ese episodio completo con cámaras. Eso existe y va a seguir creciendo.

Y aquí viene el punto que no me parece negociable: cuando la vida te ocupa los ojos, el audio gana por diseño. No te exige pantalla. No te pide quedarte quieto. Te acompaña mientras haces cosas. 

YouTube ¿mirando o sin mirar?

En datos recientes de Edison Research: en The Infinite Dial 2025, Edison recoge que YouTube ya aparece como el servicio “más usado” por oyentes semanales de pódcast en Estados Unidos, por encima de Spotify y Apple Podcasts. Pero no dice si esas personas están mirando la pantalla todo el tiempo. Ese estudio no lo sabe. 

Ojo: que mucha gente “use YouTube” para “escuchar” pódcast no significa necesariamente que estén mirando la pantalla todo el tiempo. En la práctica, a menudo están dejando el video corriendo mientras hacen otra cosa. Y eso confirmaría la idea central: el pódcast, como hábito, vive cómodo en el segundo plano.

Entonces, ¿por qué se habla de “el fin” de la palabra?

Porque hay una tensión real: “pódcast” nació en 2004 con una idea muy clara de episodios escuchados bajo demanda, y hoy se usa para muchas cosas distintas. En 2026, “pódcast” puede ser:

  • Audio descargado bajo demanda, estilo episodio clásico.
  • Entrevista grabada en video y publicada como episodio.
  • Directo de streaming que luego se resube como “pódcast”.
  • Clips y resúmenes que viven en redes.

Cuando una palabra sirve para tantos formatos, pasa una de dos: o se rompe, o se vuelve paraguas. Yo diría que “pódcast” se ha vuelto paraguas.

La prueba: otros nombres se fueron más rápido

Hemos visto términos que parecían eternos y se apagaron:

  • Vlog, que quedó absorbido por “video” y “creador”.
  • Netbook, que se diluyó cuando los portátiles cambiaron de forma y propósito.
  • Microblogging, que casi nadie usa como palabra aunque la práctica siga.

“Pódcast”, en cambio, sigue vivo incluso cuando su origen técnico ya no define todo. Eso pasa cuando una palabra deja de ser una etiqueta tecnológica y se convierte en una etiqueta cultural: la gente no piensa en RSS; piensa en “me pongo esto y sigo con mi vida”.

¿Hay que cambiarle el nombre?

Las productoras y medios van seguramente a seguir vendiendo cada vez más producción de "pódcast". Algunas ya han intentado vender "Vodcast" como intento de involucrar al video en la palabra. Eso tiene sentido porque hay más compañías productoras de video que productoras de audio, y todas esas compañías juntas necesitan abrir el mercado y vender más. 

Y probablemente también van a probar nombres más como: “show”, “talk show digital”, “programa”, “serie”. Tiene sentido comercial que al final el nombre no sea tan importante cuando se trata de cerrar una venta. Pero para el oyente, “pódcast” todavía significa que hay una voz que te acompaña, a demanda, sin exigirte pantalla obligatoriamente. Esa promesa es fuerte. Es simple. Es útil.

Y ojo con esto: la tendencia del video no borra el pódcast. Más bien lo empuja a convivir con otras formas. Edison Research, por ejemplo, también viene destacando que el video está redefiniendo parte del consumo y del descubrimiento de pódcast. Si quieres ver ese ángulo resumido por Edison, está en su lista de hallazgos del año: Top 10 Findings of 2025.

Si produces pódcast en 2026, esto es lo que yo haría

  • Pensar el video como distribución, no como requisito obligatorio. Si suma, bien. Si te obliga a cambiar el corazón del formato, cuidado.
  • Cuidar el audio como producto principal. El video se perdona si es normalito. El audio malo espanta.
  • Diseñar para el segundo plano. Estructura clara, recordatorios suaves, y una narrativa que no necesite depender de “mira esto”.
  • Publicar en varias plataformas sin perder identidad. El nombre puede variar según el sitio. La experiencia tiene que sentirse consistente.

Pódcast con o sin video, pero nunca sin audio

No se está acabando la palabra “pódcast”. Lo que está pasando es que el formato creció y ahora vive en más lugares, con más formas.

El video va a seguir funcionando como altavoz. Pero el motor de todo esto sigue siendo el mismo: cuando tus ojos están ocupados y tu mente quiere contenido, el audio se queda con el turno.

¿Tú qué crees? ¿“Pódcast” ya se quedó corto como nombre, o sigue siendo una identidad útil? Te leo en comentarios.

Y si quieres ir a fondo con esto, mi libro “Todo sobre pódcast” entra en la parte técnica, histórica y práctica de cómo se construye un pódcast que la gente termina… y recomienda.


Bibliografía